Written by MarÃa Billetes Posted on Wednesday, July 2nd 2008
Estos últimos tres dÃas han sido agotadores. Ayer me fui a la cama a las 4 de la mañana y hoy me tuve que despertar prontito, a las 7, para ir a hacer lo que estaré haciendo todo este mes en esta misteriosa ciudad en la que me encuentro. Creo que en parte me encuentro tan cansada por la geografÃa de este lugar, la ciudad está en una montaña y por tanto hay millones de escaleras y de cuestas. Asà ando yo, para arriba y para abajo todo el santo dÃa de dios.
He descubierto, aunque claro que no me soprende, que en esta ciudad también hay gente a la que le gusta el bingo. Y es que hoy cuando volvÃa de hacer unas cuantas compras mientras esperaba en la parada del autobús un señor se sentó a mi lado y empezamos a charlar. Fue él el que rompió el hielo cuando me dijo, de broma, que hacÃamos muy buena pareja. ¿Y porqué digo que de broma? Pues porque este buen hombre,según me contó después tiene 85 años, aunque la verdad es que está hecho un chaval. Total, que empezamos a conversar yo haciendo esfuerzos con este idioma tan musical pero que todavÃa se me resiste y el disfrutando de la conversación, pues al parecer pasa mucho tiempo solo. Me contó que su esposa murió hace apenas 6 meses, que era su vida y que la adoraba… a mi se me hizo pasa el corazón y ni siquiera pude decirle que lo sentÃa porque no sabÃa como decirlo en este idioma que no es el mio.

Después vino el autobús, el número 732 y los dos nos subimos. Él se sentó en los primeros asientos del autobús y yo, aunque me hubiese encantado sentarme con él, tuve que irme más atrás puesto que no me gusta ocupar los asientos destinados a las personas mayores y a la gente con dificultades para caminar. Nos despedimos, sonrientes. En el trayecto del autobús empecé a pensar que debÃa preguntarle a mi nuevo amigo octogenário si le gustarÃa ir a tomar un café conmigo algún dÃa. Me pareció una buena idea porque asà el tendrÃa compañÃa y el podÃa contarme cosas sobre la ciudad. Sin embargo soy un poco vergonzosa y no me animaba. Entonces me dije a mi misma que si nos bajábamos los dos en la misma parada, serÃa una señal de que tenÃa que hacerlo. Por azares del destino y por ir despistada y pasarme mi parada, acabamos bajandonos los dos en el mismo lugar. Me acerqué a él y le dije que estabamos otra vez juntos, el sonrió. Le dije que era mi 3 dÃa en la ciudad y que me habÃa equivocado de parada… el preguntó si era brasileña.
La verguenza se apoderó de mi y no conseguà invitar a este amable señor a tomar un café. Me dijo que se iba a jugar un rato al bingo, me dio un beso y me sonrió. Me hubiera gustado haberme atrevido a invitarlo a tomar un café, pero la próxima vez será.
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